Lo que desconcierta, en principio, es el elemento. ¿Pero cómo puede el papel, hecho trizas, componer la serenidad de la belleza? Quizá por la esencia y materia del mismo elemento: el papel está en la entraña misma de la civilización. En lo más remoto de la cultura. En el alma y en las manos de Keka Raffo el papel no es descanso de la letra ni rutina de envoltorio. Es rumor o rugido, susurro o grito. Es color viviente, que vive y, porque vive, nos cuenta cómo son las cosas, los paisajes, las personas, las imaginaciones. Los fulgores y los silencios.

    ¿Pero cómo se puede innovar en el amanecer del siglo XXI en algo tan estudiado como el collage? Pues Keka Raffo lo hace. Innova. Crea algo distinto. Eso es: distinto, que no es lo mismo, que tiene existencia diferente. Y que es disyunto: algo aparte de lo que los demás, que sepamos, hacen.

    Y Keka Raffo asombra por su sentido del color, por la perspectiva, con una técnica de puzzle que, como tal, es, sin asomo de exageración, simplemente sublime: por su grandeza y sencillez admirables. Altera el papel como materia, lo desmenuza, lo acopla, lo armoniza (para concurrir a un mismo fin) y consigue la alborada de un arte.

    Y es un arte a un abismo de lo urgente; trabajosamente hecho. Enamoradamente trabajado. Enamoradamente arte.

JOAQUIN BARDAVIO
ESCRITOR

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